Sobre el viaje a Chirripó en noviembre de 2012

Ventisqueros en la madrugada puede ser muy violento.

Ninguna montaña se debe menospreciar. D.R.

Crónica por Oscar Moya.

Para iniciar,  una frase de un buen amigo: “… nunca se debe menospreciar una montaña por sencilla que parezca, si la Pachamama lo decide, usted no subirá a ella…  D.R.”

El pasado sábado 17 de noviembre, cinco compañeros de viaje, incluyéndome, partimos con rumbo a San Gerardo de Rivas, específicamente al Hotel Urán, para iniciar el ascenso al Albergue Base Crestones en el macizo del Cerro Chirripó, muy emocionados Xinia, Enaldo, Walter (Pito), Walter Ramírez y quien escribe esta crónica Oscar M. nos acomodamos en el hotel y luego nos pasamos el resto de la tarde disfrutando de una buena tertulia, riendo, hablando un poco de política 🙁  compusimos el mundo y armamos el país, luego de eso la cena un digestivo y a dormir.

Al ser las 2:15 a.m. el despertador suena y la adrenalina de manera inmediata fluye a golpes por todo el cuerpo, el portón del ascenso está abierto. Preparado todo, un café rapidito con pan casero, bananos y barritas, estirar las piernas, calentar un poco listos para iniciar la caminata.

La madrugada no estaba fría, pero si tenía una penumbra, como una bruma casi fantasmal, llegamos al inicio del kilómetro 0 El Termómetro, 100 metros de caminar y … el primer problema, mucho, demasiado barro en el sendero impedía un paso constante, recargando aún más el ya de por sí, pesado camino.  Al final del primer kilómetro encontramos unos jóvenes que salieron 40 minutos antes de nosotros, su primera dificultad, una de las integrantes se detuvo y no subió más.

La bruma desapareció igual que como vino, llegamos a Llano Bonito, kilómetro 7 sin mayor problema, una merienda rápida y de nuevo al sendero; a ese punto ya habíamos alcanzado al resto del grupo de jóvenes que se nos adelantó en el Hotel Urán.

Volvimos al sendero y pronto llegamos al albergue Base Crestones, recibimos una cálida bienvenida del guarda parque de turno Don Freddy, nos acomodamos en una de las austeras habitaciones y descansamos un poco para esperar el merecido almuerzo; posterior a ello, se escuchan muchos comentarios de las personas que están en el albergue, vamos a Crestones por la tarde, no mejor a Terbi que les parece mejor si …. etc .  Pero la Pachamama tenía otros planes, una de la tarde, cae una leve llovizna que luego pasa a ser un copioso aguacero que se mantiene hasta cerca de las 3 de la tarde, y luego deja neblina con leves ráfagas de viento, por ese día sería todo para nosotros no saldríamos mas, por la noche tomamos la cena e hicimos los planes para la mañana siguiente, Xinia y Enaldo tomarían el descenso temprano y los restantes Pito, Walter y Yo (OM) intentaríamos Ventisqueros por la madrugada, un digestivo de nuevo y a tratar de robar poquitos de sueño hasta las 2:30 de la mañana.

De nuevo nos despierta el sonido de las alarmas del celular y saltamos de los sacos de dormir con la adrenalina corriendo, esta vez de manera más fuerte y con un frío de 10° centígrados.  Empacamos nuestras cosas y alistamos las mochilas de ataque, nuestras pertenencias bajarían ese día hasta el puesto de los arrieros y porteadores para luego ser recogidas en ese punto por nosotros.

Tomamos un desayuno un poco particular, barritas, tricopilias, manzanas, semillas deshidratadas, galletas y agua, listos salimos del albergue a las 3:10 a.m. verificamos el termómetro 9° fuera del refugio, yo calibre mi gps y partimos rumbo a Ventisqueros, el cielo es estrellado pero se siente una brisa un poco fuerte, y en la cima de Crestones una leve bruma comienza a descender.

Iniciamos el sendero al Valle de los Conejos que luego dejaríamos para tomar la colina que lleva a Ventisqueros, antes de llegar a la colina que conecta a Ventisqueros, por un angosto sendero sobre una pequeña sierra que tiene importantes caídas a ambos lados, las estrellas desaparecieron, el cielo se lleno de neblina por completo, nuestras lámparas apenas alumbraban nuestra marcha.

Salimos a lo alto de la colina y de inmediato el viento nos azotó, sentí que la Pachamama se enojó, la neblina comenzó a descender, y el viento comenzó a aumentar; en el paso de la fila que conecta una colina previa a Ventisqueros con el cerro propiamente, las ráfagas aumentaron hasta los 90 km/h (esto según la estación remota del meteorológico nacional) la temperatura estaba a 4 grados y la sensación térmica a -6, el viento a esa velocidad no permite caminar de manera segura, se pierde el equilibrio y a ambos lados de la sierra la caída es grande muy grande, aún así pasamos la sierra y seguimos a la base de Ventisqueros, paso a paso subimos, el frío y el viento castigaban nuestro rostros de una manera muy intensa, el viento aturdía y desorientaba, un error en estas condiciones es muy peligroso.

Al cumplir la mitad del ascenso de ventisqueros a unos 100 metros de la cumbre la neblina bajó aún mas y nos dejo a una visibilidad de unos 10 metros, a dos metros de distancia teníamos que gritar para escucharnos entre nosotros, las manos de uno de los 3 integrantes que intentamos la cima en esa mañana, estaban tan entumidas, que no podía sostener los bastones de caminar, en ese momento decidimos  que lo mejor era regresar y no arriesgarnos más, la frase volvió a mi cabeza “… ninguna montaña se debe menospreciar…” en una pequeña arista de roca nos refugiamos los tres mientras decidíamos  qué hacer, si seguir o abortar el ascenso, la aurora iluminaba de manera tenue la montaña, decidimos que lo mejor era regresarnos, en la cumbre solo tendríamos neblina y mucho viento;  abortamos el ascenso y regresamos al refugio.

El descenso lo hicimos con poca visibilidad y gran frío, hasta llegar de nuevo a la colina para iniciar la bajada, paso a paso, de manera lenta al principio tomamos el sendero de la colina, esta zona es totalmente descubierta y no ofrece refugio alguno del viento, al llegar al páramo aturdidos y cansados agradecimos volver a una pequeña calma, el viento igual que como inició cesó de repente.

Volví la vista atrás como queriendo ver nuestro objetivo, la cumbre de Ventisqueros, pero la niebla no permitía ver más de 50 metros, tomamos un descanso de unos pocos segundos y nos dijimos “…ni modo no será hoy… pero volveremos a intentarlo en otra mañana, en otra época”  Ventisqueros, la Pachamama, estoy seguro que nos estará esperando y en la madrugada, nunca será sencillo.

Cansados regresamos al refugio, esperamos un buen desayuno para luego regresar al Hotel Urán, el sendero igual con mucho barro nos tomó más tiempo de lo esperado pero llegamos sin contratiempos.

Contentos por nuestra gira, aunque en esta ocasión no hicimos ninguna cumbre aprendimos que en las montañas la prudencia a veces debe pesar más que el deseo, también abortar es una conquista, los que andamos como cabras en el monte comprendemos muy bien el amargo que deja abortar a pocos metros de la cima.

Volveremos…, claro que sí, espero que La Pachamama en otra ocasión sea más tolerante con nosotros. 😀

Oscar Moya.

2 comentarios sobre “Sobre el viaje a Chirripó en noviembre de 2012”

  1. Qué emocionante relato! Me los imaginaba en ese ventolero helado…qué bonita experiencia!
    Un saludo a todos los queridos compañeros de aldelecr!
    Gis

  2. Qué emocionante relato! Me los imaginaba en ese ventolero helado…qué bonita experiencia!
    Un saludo a todos los queridos compañeros de aldelecr!
    Gis

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